La Isla al revés

Por: Andrés Yunior Gómez Quevedo.

Uno de los libros que más he disfrutado leer ha sido “Patas Arriba: La escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano. A veces lo revisito y me digo, coño, quisiera poder escribir algo así, aunque a estas alturas ya sería pecar de falta de originalidad.

De pronto, a eso de las tres de la mañana en G y 25, con un frío pela narices y un cansancio de tres pares de cojones resultado de una jornada laboral seguida de unas horas de fiesta, me di cuenta de que llevaba más de 40 minutos encallado ahí, no pasaba absolutamente nada que me dejara aunque sea cerca de mi casa, y los taxis a los que les hice señas no iban para mi municipio, sino para donde a ellos les daba la gana.

Los otros dos que estaban en la parada, cuya conversación iba entre lo mala que era su jefa, y los retos que constituyeron la cocción de los pedidos en la paladar donde trabajan, cambiaron el tema y empezaron a hablar pestes del sistema de transporte cubano. Que si las guaguas, que si los taxis, que si los almendrones. Contra, me dije, ya tengo el tema de mi próximo post.

Sucede que en Cuba los taxis no van para dónde tu vayas, eso que te ponen en las películas extranjeras, en que la gente sale, saca la mano y grita así de forma tan chic “taxi”, y el auto amarillo se detiene, y le dicen a dónde ir, ellos activan el taxímetro y bon voyage, cochero a palacio, no, no, no…olvida eso en esta isla.

Usted perderá el brazo haciendo señas, los taxis pasarán atestados como si usted no existiera, con suerte se detendrá uno con capacidad, se montará entre otras personas, compartirá sus olores, conversaciones de móvil, bolsas, miradas, lo que sea, incluso el perro o el gato que traen del veterinario. El chofer le tendrá listas las bocinas justo detrás de las orejas, cerquita del cristal de atrás, con el reguetón de moda, o salsa, merengue, Marco Antonio Solís, Ana Gabriel, cualquier estrella latina, si acaso una discotequita, y quizás algún que otro tema de pop anglosajón (considérese suertudo si encuentra en la lista de reproducción temas clásicos del pop, el rock, el jazz, el blues, los boleros y tal).

En esta isla los taxis no van para dónde usted quiera, aquí los choferes ponen las reglas y usted como cliente es una reverenda mierda, puede que incluso le digan que su billete de cien pesos no es aceptado, o que el dólar lo cogen a 23, no a 25 como debe ser (de acuerdo a la tasa de cambio actual). A ellos tampoco les interesa que la música esté muy alta, ni que le desagrade. Repito, usted es una mierda, no lo olvide, él tiene el poder por poseer el timón, y usted no tiene opción por no tener carro y necesitarlo a él para moverse.

¿Cuáles son los taxis que sí van para dónde usted quiere? Esos en mejores condiciones que constan de un montón de números cinco estampados en la puerta, y que cobran un ojo, el otro, y si te descuidas el tercero también. Eso lo dice un cubano de a pie, uno normal, del populacho, como el mayor por ciento de la población. Porque quienes pueden costearse ese taxi “como dios manda” son los extranjeros, y los que manejan muuuuucho dinero, que obviamente, no son los profesionales ni los trabajadores estatales.

Por eso la isla está al revés, porque los taxis van para dónde ellos quieren, porque este es el único país donde un extranjero vale más que un nacional, o al menos puede más. Cuando el extranjero llega a la tienda es agasajado, atendido con honores, agradecido por su presencia, el cubano por el contrario tiene que demostrar poderío económico en términos de estética para poder tener un trato similar (a menos que la persona que trabaje en la tienda sea un verdadero/a profesional).

La isla está al revés porque los que se gradúan de la universidad, así como los profesionales con maestrías y doctorados, ganan muchísimo menos que los que venden viandas en un agromercado, gangarrias en la feria, o platos en un restaurante. Por eso el potencial intelectual se pospone y se muda a las esferas menos doctas, para poder alimentarse, vestirse y sobrevivir de la manera más cercana al modelo de felicidad moderna y globalizada. Por eso emigran y desertan en grandes cantidades esos mismos profesionales, porque no se trata de política aunque lo quieran pintar así, es una cuestión estomacal, del bolsillo y la vestimenta.

La isla está al revés porque tenemos un sistema educativo de lujo (a pesar de las carencias y las dificultades para mejorar los medios), y sin embargo la marginalidad va en aumento, a una velocidad increíble, y se la ve en televisión, en aulas, en hospitales, en empresas, aeropuertos, en fin, en todas partes.

La isla está al revés porque tenemos campañas exhaustivas de salud y educación sexual, se venden condones a precios bastante asequibles (a pesar de algunos problemas de distribución) y sin embargo, siguen aumentando las tazas de embarazo adolescente, y las ITS, así como el VIH.

La isla está al revés porque está rodeada de mar, y los cubanos apenas podemos comer langosta, camarones, calamar, pescado, porque los precios de estos productos son ridículamente elevados y los de mejor calidad le pertenecen al sector turístico (recuerden, los que de verdad pueden disfrutar de lo mejor de nosotros). Y quien quiera comer estas cosas, tendrá que pagar un dineral, o comprarle al que se la roba de las empresas distribuidoras, o pesca de forma ilícita (Gracias a Dios que existen estas personas, que los santos los protejan).

En fin, la isla está al revés porque tiene la boca encerrada en los ojos, que mucho ven…

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2 comentarios en “La Isla al revés

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